Esta ruta de ida y vuelta parte desde el entorno de la Casa de la Seda, en el barranco de Valle Gran Rey, y asciende suavemente hacia el caserío de El Guro, para adentrarse posteriormente en el escarpado y frondoso Barranco de Arure, donde se encuentra uno de los pocos saltos de agua permanentes de la isla. El sendero arranca en un entorno agrícola característico, con huertas, muros de piedra seca y palmeras canarias. Muy pronto se alcanza El Guro, un caserío tradicional que ha atraído a artistas y visitantes desde hace décadas, y que conserva su encanto gracias a su integración con el entorno natural y a su arquitectura popular. Desde El Guro, el camino se introduce en el corazón del Barranco de Arure, también conocido como Barranco de El Guro, donde el paisaje cambia radicalmente. A medida que se avanza, las paredes del barranco se elevan, cubiertas de vegetación termófila y con tramos donde se camina sobre roca, cruzando pequeños cauces y zonas húmedas. Este tramo puede requerir atención, ya que incluye pasos irregulares y algunos sectores resbaladizos, especialmente tras las lluvias. El tramo final del recorrido culmina en un rincón escondido: una cascada natural rodeada de paredes volcánicas y vegetación exuberante, donde el sonido del agua y la sombra de los riscos invitan a la contemplación y al descanso. Aunque no siempre lleva un gran caudal, este salto de agua es un lugar mágico que representa uno de los espacios más sorprendentes del suroeste gomero. Esta ruta es ideal para quienes buscan una experiencia corta pero intensa, que combine naturaleza, frescor, historia rural y la belleza oculta de uno de los barrancos más singulares de La Gomera. Es especialmente recomendable en épocas de lluvias o tras temporadas húmedas, cuando la cascada alcanza su mayor esplendor. Esta ruta no es recomendable cuando llueva, ya que el terreno será poco estable y pueden producirse crecidas del caudal. Se requiere de agilidad y experiencia, y no es adecuado para personas con vértigo.